Virginia 3
Arribó a mi puerto en el momento en que menos la esperaba, y yo nunca espero algo. Tampoco había que tener conciencia. Apareció y ya, como un zarpaso, como un beso que se roba a algún descuidado: “soy Virginia y hablo inglés”, mientras aprisionaba mis mínimas manos con sus enormes dedos de seda y la sonrisa que huía de su boca, advertía ante mí, a la profesora biblingüe con más fijación oral de la imaginable. O al menos, a la más rica. continuar leyendo »



