Muertos sin ataúdes 0
Y ella se volvió a sobar los dedos y yo volví a correr por un cortaúñas. Nunca se sabe con Noelia. De pronto, sus decisiones se han convertido en más que un vaivén de su propio desorden de ego y su mirada tampoco es tan decidida que digamos.
Está corriendo, está desnuda entre mis manos, que adormecidas, no saben más que de adioses. Hoy me ha llamado por una nimiedad: cree estar extrañándome. Le he dicho que es sólo una etapa, que esas cosas no suceden así nomás por que sí. Al menos no en su cabeza. No pues, si de jodernos no está únicamente hecha la vida. Habráse visto.




subscríbete a los comentarios
Aún no hay comentarios en este post